dijous, de novembre 10, 2016

1.328 SURFARI INTERIOR. Entrevista a Mikel Mitxelena y Naroa Susperregi. Por Jabi Iraizoz













Mikel ha trabajado muchos años en la nieve. Comenzó controlando los telesillas y trabajando como fotógrafo en una escuela de esquí. Naroa trabajaba en un ayuntamiento local pero decidieron dejarlo todo para ir a viajar en busca de una reflexión interior que cambiaría el rumbo de sus vidas. Marcharon en abril de 2015 y regresaron un año más tarde.

¿Porqué decidisteis emprender este viaje?

Por mi parte tener como oficina la montaña, observar cómo cambia la luz y fotografiar el entorno y las personas es muy gratificante. Te sientes parte de la naturaleza. En verano ejercía diferentes trabajos esperando la nueva temporada de invierno.

Con el tiempo este modo de vida me acabó cansando; la cuadrilla que formas durante el invierno se deshace al llegar la primavera, echaba de menos las olas y estar haciendo  las maletas cada cuatro meses pasa factura. Durante estos años he aprendido mucho y he conocido a mucha gente interesante. Volví a casa a trabajar en el negocio familiar, tenía un sueldo y la oportunidad de tener un empleo estable. Pero no era lo que quería hacer el resto de mi vida. Aún tengo muchas inquietudes que explorar para realizarme.

Naroa y yo hablamos y barajamos todo.

Naroa llevaba muchos años trabajando en un ayuntamiento de la zona como técnico de medio ambiente y necesitaba un cambio. Estaba cansada del funcionamiento de la administración y cada vez más desmotivada en el trabajo. Pensamos que la mejor manera de hacer una reflexión, era liberándonos de presiones externas y sociales, y sintiéndonos vulnerables ante la vida.

Mirando el mapa ¿qué destino elegisteis? Y ¿cómo financiasteis el viaje?

Durante el año anterior al viaje mientras los amigos se iban de cena nosotros nos quedábamos en casa, así ahorrábamos, guardando euritos.

La idea principal del viaje era surfear, por eso los destinos siempre eran con olas. Pero la vida no es solo surfing. Empezamos por Vietnam y Camboya. Después volamos a Filipinas a Cloud 9 que fue el primer destino con olas del viaje, donde alucinamos con el color tan azul, tan intenso y limpio del agua. Nada más llegar, un amigo, que se había adelantado, nos recibió y nos llevó a surfear un metro perfecto. Nos sentimos muy muy felices.

En Indonesia estuvimos en Bali, Lombok y Java. Además del surf disfruté mucho con la cámara de fotos.


Después viajamos a Australia donde pasamos seis meses. En la zona de Melbourne a Naroa le cogieron para trabajar en una cafetería y a mí en la cocina de un restaurante. Un amigo nos dejó un colchón en su casa. Trabajamos durante tres meses. Fue un parón un poco duro porque nos costaba entender el inglés australiano, estábamos solos. Además Naroa trabajaba de mañanas y yo de tardes con lo que sólo nos veíamos a la noche.  En el mismo Melbourne no hay olas, necesitas un coche para bajar a Bell’s beach y otros sitios. Hasta entonces todo había sido fácil porque tienes el empuje del viajero, de descubrir qué será lo siguiente. Cuando habíamos conseguido hacer una cuadrillita de amigos tuvimos que dejar Melbourne y comenzar nuestro viaje en furgoneta de tres meses.

Nuestro amigo era surfista y nos hizo un plano marcando con estrellitas todos los points desde Melbourne hasta Noosa Heads. Nos compramos una furgo Mercedes MB100, hicimos el interior de madera para poder dormir y cocinar en ella. La costa entre Melbourne y Sidney nos impresionó gratamente, nos lo tomamos con calma y estuvimos un mes surfeando en playas solitarias. ¡Habíamos retomado la aventura! Alucinamos con lo salvaje que era todo y el rollo que llevaban los surfers. Allí surfeaban todos en las pequeñas comunidades, desde la abuela, la madre el padre y los niños. Familias enteras. ¡Hasta los perros surfeaban! Había competiciones de surfing de perros (RISAS).

¿Qué sentíais cuando entrabais a surfear en una playa donde no hay nadie?

Siempre planea por tu mente la sombra del tiburón. Nunca hemos tenido un encuentro con ellos. Si con delfines, especialmente un grupo que estuvo dando vueltas toda la mañana en una playa de arena blanca que estuvimos surfeando. Se acercaban, surfeaban y saltaban. También vimos manta-rayas.

Ese lugar se llamaba Seal Rocks y fue el que más nos cautivó. Veníamos de una semana de vientos on-shore. No estábamos surfeando mucho y llovía. Viviendo en una furgoneta sin ver a nadie más que nosotros mismos no hay nada externo que te estimule y los días se hacen más largos. Al llegar a esa playa con agua cristalina, olas y delfines nos cambió la cara. Nos quedamos cinco días. Nos dio mucha alegría.

De allí fuimos recorriendo las rompientes hasta pasado Brisbane a Seventeen Seventy. Vendimos la furgoneta y regresamos a Indonesia para pasar otros dos meses para acabar bien.

A nivel surf tuve una sesión en Binging y en Medewi muy potentes. Pero los baños de Filipinas fueron muy buenos. Hicimos una cuadrilla con unos chicos de Málaga, otro Italiano y otro chico de Donostia. Fue una conexión total, sin competición en el agua. Ver a mis amigos disfrutar de las olas en un pico en el que estábamos solos es el mejor recuerdo que tenemos.


¿Qué tablas llevasteis?

Naroa llevaba un 6’4 y yo una 5’11 que me hizo Mikel Agote. Siempre buscábamos lugares que nos fueran bien a los dos.


¿Y a qué conclusiones os ha llevado este viaje?

Naroa ha dejado su trabajo. Ha estado todo el verano trabajando en una surf-shop y va a empezar a estudiar Psicología del Trabajo y Recursos Humanos.

Yo he estudiado carpintería, es algo que me gusta mucho y voy a seguir por ese camino. No queremos estar pendientes de un reloj constantemente, necesitamos chutes de buenas vibras, de emociones como surfistas que somos.

Hay que trabajar claro, pero la elección de un trabajo también es importante. Elegir un trabajo que te motive y a la vez sentir que lo que haces es lo que mejor sabes hacer, es primordial. Además poder organizar el tiempo como mejor nos convenga, es decir, ser dueños de nuestro tiempo.

Nos dio mucho que pensar una coincidencia que se repitió a lo largo del viaje. Veníamos los dos hablando de si una vida así sería posible.

Conocimos cerca de unos arrozales perdidos en Java a un personaje australiano que daba un poco de miedo al principio. Nos lo encontramos afilando una navaja nada más llegar a un Home-Stay, todo tatuado, después de una odisea para encontrar el alojamiento. En los días posteriores fuimos a surfear con él y nos contaba que tenía cincuenta y cinco años y que llevaba toda la vida trabajando cuando lo necesitaba pero que era un Soul Surfer. Fuimos conociéndole. Pensábamos que esa era su película, nos daba lecciones de vida, no tenía ni e-mail, ni teléfono, era un ermitaño. Pero ahí se quedó la cosa.

Más adelante nos lo encontramos en Bali en un sitio poco concurrido por los turistas. Y más tarde nos lo encontramos en su pueblo en Australia sin saber que vivía allí. Nos llevó a su casa y comprobamos que todo lo que decía era cierto. Había construido su propia casa de madera y era muy bonita. Era albañil, electricista, pintor, hacía sus pequeños trabajos y cuando había época de olas se marchaba a surfear.

Creo que nosotros mismos nos vamos cerrando el camino con ataduras. Creo que todos evolucionamos. Mientras pasan los años y vivimos nuevas experiencias, nuestra forma de pensar cambia. Los matices son diferentes y esto es muy positivo.


¿Os gustaría enviar un mensaje a los lectores?

Que apoyen a los fotógrafos, escritores y creadores de cultura local como tú.

Por otra parte que no tengan miedo a salir del círculo de bienestar y desnudarnos metafóricamente ante la sociedad, ante otra gente y otras culturas ya que vamos a aprender mucho. Ver tu realidad desde otra perspectiva, ver cómo eres de verdad. Cuando asumes un riesgo y luchar por lo que quieres hacer vas a crecer. Y si te equivocas no pasa nada, vuelve a intentarlo.