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dilluns, de desembre 26, 2011

960 Un año al ritmo de las olas V.

6:00 am. Parque Nacional en el Sur de Australia. Huellas de canguros en las dunas. Los delfines vinieron a surfear con nosotros esa mañana. Me sentí afortunado. 
Egun on kukuoyentes de esta emisora imaginaria. 

Aquí os dejo el último artículo de la sección "Un año al ritmo de las olas" que he publicado en la revista 3sesenta. En esta ocasión para el Especial Viajes. Corresponde a la última etapa del viaje, sin duda una de las más intensas del mismo y la llegada a casa. 

Sin duda volvería a subirme a aquél primer avión que me llevó a vivir tantas maravillas. Estos cinco artículos más el especial foto (ver etiqueta 3sesenta a la derecha) serán sin duda, un recuerdo precioso con el paso del tiempo. 

Ha sido un honor publicar tanto mis textos como fotografías junto a tanta gente con tanto talento. Además, un ejercicio de disciplina que me ha llevado a esforzarme, a sumergirme en el lenguaje y recoger las palabras adecuadas para llevároslas a vosotros. De esta manera he intentado llevaros conmigo. Desde aquí, darle las grácias a Felip por poco antes de emprender el viaje, ofrecerme esta bonita oportunidad. 

Siempre que acaba algo comienza algo nuevo, ha de ser así. Y no olvidéis que la vida es vuestro viaje. Que disfrutéis de la lectura. Ondo segi kukureaders!  




Mi casita indonesia a 40 metros del mar. Diálogo constante con la ola.

Estación de tren de Jogjakarta. El volcán Merapi en erupción, la ciudad cubierta en cenizas. Prisa por marchar. 
Canoa polinesia llamada Va'a. Me marchaba de aquella isla remota en ese viejo ferry con la mochila llena de olas y aventuras. 


















Un globo terráqueo iluminado por una cálida luz anaranjada en la esquina. Una pila de diarios junto a este que escribo ahora. Un mapa de Tahiti y otro de Margaret River. Un permiso internacional para conducir que se cae a pedazos sobre ellos. Mi cámara reposa exhausta en aquella butaca.  Mis zapatillas están trilladas; sin embargo lo han conseguido, han dado la vuelta al mundo.

Y yo aquí, en este escritorio. Mirando por la ventana recientemente aterrizado como si viniera del planeta k-pax. A través de esa ventana pasan la gente y los coches. La gente de Donostia. He llegado a casa tras vivir el año más intenso de mi vida. Estoy aún asilvestrado. Y espero que me dure. Pero aún os debo el relato de mi última etapa de mi viaje. Nunca se me ocurrió que esta me depararía algunas de las experiencias más remarcables de esta aventura.
Planeo hacia el pasado en mi mente y aterrizo en Raglan. Allí, tras una noche de despedida y unos vinos con compañeros viajeros y mi amigo maori Steve, me subo al pick-up de un currante surfista que se dirige a Auckland y se ha ofrecido a llevarme. Las tablas van detrás  y serpenteamos por las carreteras comarcales de Nueva Zelanda. Este país es muy curioso. A veces me recuerda a la Europa rural. El día es soleado y me siento afortunado. Me voy a Tahiti.
Salto de la camioneta en el aeropuerto. Voy con mucho tiempo de antelación. La chica del mostrador es maori. Es de mi edad y creo que se fija en mi Ta-moko (tatuaje maori) en mi brazo. Le caigo bien. Está embarazada. Bromeamos. Me da salida de emergencia, ventanilla y ningún problema con mi gran bolsa con dos tablas y ropa, harpón, neopreno, casco, etc..
El enorme policia que revisa el pasaporte, también maori, se sorprende al ver mi brazo abriendo los ojos y la boca. Me pregunta si vine a recibir el Ta-Moko. Muy simpático, intercambiamos impresiones, me hace algunas preguntas y amablemente me desea un buen viaje.
Me subo al avión y mi buena racha continúa. A mi lado se sienta David, ex trabajador de la compañía recién jubilado. Nos sirven champagne (en turista) y nos colman de atenciones. Y solamente por estar sentado a su lado!
El vuelo es bueno, sin embargo me preocupa cómo llegar a la pensión. Con mi gran bolsa, a las dos de la madrugada, en un lugar tan caro como Tahiti. Desembarcamos y la sensación de calor me abraza. Viniendo del invierno kiwi es muy agradable. Dos músicos nos reciben cantando a pleno pulmón tocando el ukelele.  Algunos pasajeros tahitianos cantan a su vez la misma canción celebrando la llegada. Le veo a David, me presenta al amigo que le ha venido a buscar y nos despedimos.  Me indican donde tengo posibilidades de que pase algún taxi.
Recojo mis tablas y las arrastro hasta el borde de la carretera. Noche cerrada. 15 minutos. Ni un solo taxi.  De pronto veo pasar un descapotable azul. Da la vuelta y se para junto a mi. Son David y su amigo, las dos locas pasados los cincuenta. Ni a mi se me ocurriría la posibilidad de meter semejante bolsón en un descapotable nuevo y con tan poco espacio, pero me dicen:-venga, te llevamos! Cómo te vamos a dejar ahí?- increiblemente lo conseguimos, atravesamos Papeete y tras varias vueltas encontramos la pensión que había reservado. Les doy las gracias y nos despedimos. Una llegada realmente pintoresca.
Recuerdo que durante la última semana en Raglan se murió el doctor del pueblo. Era un hombre maori muy mayor y muy querido. Todo el pueblo acudió al Marae (casas maori de reunión) para honrarle en un día soleado. Muchos coches desfilaban en procesión del Marae al Club del pueblo. Uno de esos días conocí a un surfer de algo más de cuarenta años mientras obsevaba los longboard de Raglan surfboards. Este hombre parecía saber mucho de surf y resultó haber sido el director de la Stormrider Guide Europa. Había vivido un año en Hossegor.
Intercambiamos vivencias y durante la conversación surgió mi viaje a Tahiti. Al saber que viajaría solo, marcó su dedo en el mapa y me sugirió hacia donde dirigirme. Asímismo, me dio varios consejos para aproximarme a las olas polinesias, y en concreto a sus locales:
Tim dice:
-          Siéntate abierto. Espera. No molestes. Muestra sumisión (mirada baja).
-          Estate extremadamente tranquilo en todo momento.
-          No te muestres demasiado interesado en nada a no ser que te pregunten.
-          Y si te dan una oportunidad para reir, tómala.
-          Levántate muy temprano por la mañana y se el primero. Tan pronto como se empiece a llenar vuelve a tierra. Plantéate surfear tarde otra vez. Evita los momentos más obvios para surfear.
Confié en Tim.
Los primeros días los dediqué a hacer reconocimiento por Papeete, una de mis partes favoritas nada más llegar a un lugar nuevo a mis sentidos. Localizar las playas, ir al mercado, hacerme con un mapa, situarme, localizar transportes, hablar con los locales, comparar precios y planear el siguiente paso.  Cuando salí de la pensión por la mañana me quedé impresionado por la altura de las montañas, los verdes e imponentes volcanes.
El circo estaba ON en Teahupoo. Sin embargo era fin de semana. Eso significaba pagar un pastón para bajar allí ya que no hay buses esos dos días. Hubo varios días de lay-day ya que esperaban un swell monstruoso. Los taxi-boat que te llevan a ver la ola durante el campeonato cobran por manga alrededor de 60 euros. Y esta cifra aumenta o incluso se duplica para ver la final.
Me habría gustado verlo claro, pero decidí ir a por mis olas y encaminarme hacia aquella pequeña isla que mi inesperado guía de NZ me indicó. Iría a visitar Teahupoo cuando hubiera pasado el show.
Dejé lastre en la pensión a cambio de unos billetes. Volvería allí antes o después. Me llevé lo imprescindible.  Fuera del circuito comercial y de lunas de miel, me vi siendo el único blanco en un muelle industrial frente a un mercante azul digno de una película de Indiana Jones. Viejo, oxidado y sin espacio reservado a pasajeros, auténtico. A mi lado, familias polinesias con niños, algunos muy pequeños, esperando para subir a este ferry que recorre infinidad de islas. Humanidad. Ojos isleños. La mayoría somos polizontes, viajeros ilegales. A mi lado, una mochila y dos tablas comprimidas en una funda.

23.8.11. Papeete.
Me encuentro a bordo del ferry a punto de zarpar. No estaba seguro de si podría subir, ya que oficialmente solo pueden llevar a 10 personas aparte de la carga; vamos a tope de congelados, coches y todo tipo de objetos para otras islas. He hablado con el capitán y se ha enrollado; otros 20 y yo hemos entrado de estrangis tras el control. Zarpamos! Me he hecho colega de Robert, el cocinero y me ha dejado acomodarme en el comedor junto a la cocina. Hay unos asientos “cómodos”.  Lleva una gorra de Top Gun.
Estaba adormilado. He abierto un ojo y he visto un par de cucarachas rondando. Todo el mundo duerme, en los asientos, en el suelo, en la cubierta.. Salgo afuera y veo la vía láctea cruzando de babor a estribor. El barco va fino, la noche es cálida. Una estrella fugaz me saluda. Elementos bioluminiscentes brillan en el agua. Vamos con un vaivén muy suave.

Llegué de madrugada y en la pensión, debido a un malentendido no me esperaban. Tras mucho llamar tuve que dormir en la calle. Me monté un chiringuito con la funda de las tablas en la terraza del bar y dormí hasta el amanecer. Me levanté con un brazo dormido y no pude articular palabra ante lo que vieron mis ojos. Estaba justo en frente de la laguna, a 15 metros del agua. El verde de aquél paraíso volcánico se inclinaba hacia un acuario cristalino. Los pájaros, los peces. El reef al fondo y una preciosa izquierda llamando mi atención. Ese color del agua..No me lo podía creer.
Eran las 6 de la mañana y ya había mucho movimiento. Recogí algunas botellas de cristal de esa pequeña playita junto al muelle y las llevé a la papelera. Llegó la dueña de la pensión y me apresuré a quitar mis tablas de la vista. Es un grave error tomar a los locales polinesios a la ligera. El localismo allí es algo muy serio. Y en Papeete escuché historias muy macarras de esta preciosa isla: robo de tablas al finalizar tu estancia, cámaras con fotografías de sus olas que nunca vieron la luz al terminar en el fondo del reef..me lo iba a tomar con mucha mucha calma.
Al llegar no lo sabía, pero cada uno de mis movimientos iba a ser observado y juzgado. Seguí los consejos de Tim y a mi intuición. Aprendí a saludar y a dar las grácias en el idioma local. La tensión entre polinesios y franceses es muy palpable. Las ansias de independencia y heridas profundas en la historia, como las pruebas nucleares entre los 66 y 96 (193 tests ). Además los habitantes de esta isla fueron algunos de los que presentaron batalla a los colonos. Son guerreros.
Procuré recoger siempre algo de basura de la playa; siempre lo hago, me gusta dejar la playa un poco más limpia de lo que me la encuentro, pero me aseguré de que me vieran hacerlo. No entré al agua a saco, esperé mi oportunidad. Y llegó en forma de australiano. Su madre vive allí casada con un polinesio y él a base de años de visitas y paciencia se ha ganado su sitio en el pico.

La derecha.
Yo había salido a leer un libro y observar la situación y él llegó en su bote. Buscaba un surfista que le acompañara a hacer body-surf ya que las corrientes en el canal del reef son muy peligrosas y una vez este excelente bodysurfer casi se perdió en el océano para siempre. La mar estaba subiendo. Me fui con él.
 Y tras cruzar la laguna en aquél bote de aluminio por fin apareció ante mi el poder de una ola azul turquesa que tantas veces había visto en revistas y que dudaba si realmente existían. Allí lo tenía, frente a mis ojos, sobre el reef. El paraíso, custodiado por humanos, no por ángeles, pero el paraíso.
Una derecha en curva, un bowl de metro y medio rompiendo muy seca y rápida. Y no había nadie. Mi nuevo colega body-surfer y yo. Y fue la sesión más intensa de todo el viaje. Una mezcla de miedo y adrenalina. El hombre que este amigo australiano llevó hasta el pico no fue el mismo que regresó a tierra. Nunca olvidaré aquella sesión que duró casi dos horas. No podía quitarme la sonrisa de la cara. Ni quería. Ahora se me dibuja de nuevo al recordarla.

La izquierda.
La mar subió demasiado. Se desfasó. Esperé.
29.8.11
Hoy he surfeado con una ballena jorobada. Por primera vez he cruzado la laguna remando. Ella y yo solos. Eran las 7 de la mañana. A mi izquierda la ola, a mi derecha la ballena. Glassy. Un metro limpio. Me he sentido como si me estuviera comiendo una tarta de chocolate yo solo. Una ola transparente sobre un acuario salvaje y libre. Corriendo sus paredes me he sorprendido mirando al fondo y su variedad de cuevas en el reef, piscinas turquesa de agua salada. La ballena ha estado tumbada tranquila a unos 30 o 40 metros de mí durante media hora, soltando algún chorro de vez en cuando, respirando poderosamente. Si el cielo existe debe de ser un lugar muy parecido a este.

Pasaron los días. Exploré la isla. Tuve mucho cuidado a la hora de sacar fotografías. Si veía mal rollo me metía en la pensión. Un día presencié una pelea muy bestia en el muelle. Intenté hacerme invisible. Surfeé cada mañana temprano. Leía, cocinaba, practicaba yoga, observaba. Me iba a bucear por el jardín de coral. Morenas, peces loro, payaso, escorpión, tortugas..cada vez disfrutaba más con las inmersiones; bajar al fondo, agarrarme al reef y dejar que los peces me rodearan. Aguantar la respiración cada vez más me resultaba un tipo de meditación renovador. Me fascina el fondo marino. Saqué mi billete en otro ferry de vuelta con antelación. Pero no le dije a nadie cuando me marchaba ya que temía que alguien intentara robarme las tablas en el último momento.
A modo de ofrenda regalé 3 pastillas de parafina y un juego de quillas a un local. Le indiqué que se lo diera a los niños. Y se quedó muy sorprendido. Allí no hay surfshops.

El Encuentro.
Y justo después tuve una de las experiencias humanas y relacionadas con el surf más fuertes de mi vida.
6.9.11. Por la tarde..
La magia ha vuelto a suceder. Esta vez no en forma animal, sino en forma humana.
Tras cocinarme y comerme una txuleta con patatas (el supermercado local curiosamente es grande y tiene de todo ya que muchos barcos paran a repostar aquí), y descansar un rato he decidido ir a por una segunda sesión. Estaba más grande, con un par de metros. Me he ido acercando, cruzando la laguna y he visto una gran familia de polinesios, grandes y jóvenes. Unos 12. He tragado saliva y he pensado que era la situación descrita por otros viajeros como susceptible de tener problemas. Me he sentado abierto en el piko, he esperado y he sido muy respetuoso. La mirada baja. Sorprendentemente, uno a uno han ido pasando y dándome la mano. Jóvenes y mayores: -Ia Orana, Ia Orana.
He cedido  las olas que tenían un candidato. He aprovechado cada oportunidad; me he echado a las más gordas, priorizando la seguridad de los que remontaban. Ojos observaban cada una de mis olas.
Tras un buen rato la mayoría se han salido del agua. Me he quedado solo con uno de ellos, al que ya había visto en otras sesiones. Le he seguido para conocer el mejor camino , la mejor corriente para regresar. Me ha guiado y en la orilla hemos conversado.
-Llevas ya un tiempo por aquí eh..- Este local averigüé más tarde, es el hermano de los dos locales más duros de la historia de la isla. Uno vive en Hawaii ahora y el otro tuvo problemas con las drogas y está en rehabilitación.
-Esto no estaba abierto durante mucho tiempo ¿sabes? Si vienes con amigos no puedes surfear. Pero si vienes como has venido, solo, con respeto, no problema. Si tienes novia, la puedes traer también. Sabemos lo que tenemos aquí. Pero mira a Teahupoo. Nosotros no queremos eso. No queremos vender nuestras olas, las queremos para nuestros niños. Tú, así, no problema.
Me he sentido aceptado; nunca seré un local, pero que me presten el derecho a surfear sus olas tras 15 días aquí es todo un regalo. Ahora entiendo a esta gente. Aunque no justifica la violencia lo que tienen es muy valioso.  Ahora me saludan con un shaka. Nadie me va a robar las tablas.

Dejé aquella isla viendo el atardecer y a los remeros polinesios deslizándose con su Va’a sobre una ola gritando de júbilo. La derecha y la izquierda bombeando. Un delfín y una ballena con su cría se sumaron a la despedida. Poco a poco, me alejé con un nudo en la garganta.

Y hasta aquí ha llegado esta aventura. Indonesia, Australia, Nueva Zelanda y Polinesia francesa. Echo de menos algunas cosas, como ver tantos delfines y tanta vida marina. Los canguros, las historias de tiburones, las ballenas.. Muchas personas muy especiales que conocí en el camino y descubrir algo nuevo cada día.
Pero ante todo me siento agradecido. Y muy afortunado por lo que he vivido.  Una experiencia vital que marcará el resto de mi vida y ha sido, a todos los niveles espectacular. La gente, todos los amigos, la cantidad de viajeros que hay en el mundo en una situación parecida a la tuya; las olas, la conexión con la naturaleza, los animales, la mar.. Estoy orgulloso de lo que he hecho. No lo he hecho ni mejor ni peor que otros. Los que me precedieron y los que lo van a hacer. Simplemente a mi manera. Grácias. Espero haberos hecho soñar un poco. Y hasta la próxima.

Consejo 1: Toma el relevo. Te toca a ti.
Consejo 2: La vida en el planeta está conectada. Las personas, plantas y animales. Lo que se hace en una parte del mundo afecta a todas las demás. Somos todos muy parecidos, somos seres humanos. Y aunque hemos de cuidar lo nuestro localmente este mundo es nuestra casa. Reconoce a tus iguales por encima de las diferencias. Somos todos parte de la vida. Cuida a la gente, cuida lo que te rodea porque tú eres responsable del trocito de mundo en el que te ha tocado vivir; cuida el océano, cuida el planeta azul. 


dijous, de novembre 03, 2011

937 3sesenta especial foto (150).

Egun on kukuoyentes de esta emisora imaginaria. Hace un par de números tuve el placer de publicar tres fotos en el especial foto de la 3sesenta (el número 150). Y del mismo modo el honor de colarme entre grandísimos fotógrafos a los que admiro mucho y de los que hay mucho que aprender. Voy a pasar a describiros cada una de ellas.

1. La primera es del pico principal de Margaret River. Izquierda y derecha. Está sacada al atardecer desde una playita cercana, River's mouth. Me gusta mucho el contraste de las típicas rocas del lugar y los arbustos con el azul del mar. Y que haya un surfer haciendo el bottom turn en cada brazo. Un ligero off-shore y el tono turquesa junto al labio de la izquierda completan los detalles. La composición forma tres bandas, la tierra, la mar y el cielo. 


2. La siguiente foto describe un trayecto de un compañero surfer y yo buscando olas desde Margaret River hacia el sur, en su todo terreno hacia Esperance. Más de 1000 km de ruta. Fue un surfari de dos semanas visitando pequeñísimos pueblos australianos muy auténticos. Surfeando algunas olas en las que no vimos nunca un surfista. Dormimos cada noche en tienda de campaña. Encontramos una ballena muerta, focas, delfines y sensaciones de pura conexión con la naturaleza. Surfear, pescar, escribir, encender un fuego, fotografíar..y estar rodeados de leyendas e historias recientes de tiburones blanco. Una larga recta de carretera típica aussie.

3. La tercera fotografía describe una meta. Un parque nacional al que llegamos antes de emprender el regreso abandonando la costa, por el desierto. Dormimos tras la duna aquella noche. Y esa mañana surfeamos solos aquellas olas de arena blanca y azul turquesa. Al fondo, infinidad de pequeñas islas de cuento. Y en el agua nos vimos rodeados por una familia de delfines que vinieron a saludarnos. Incluso se quedaron a surfear algunas olas con nosotros. No entrábamos en los neoprenos de alegría. 

Espero que las disfrutéis y viajéis con la imaginación al oeste australiano por unos instantes. Ondo ibili kukureaders!






diumenge, d’octubre 09, 2011

932 Un año al ritmo de las olas IV.

Odeiaren bidaia 182. El viaje de Odei 182.

Texto y fotografía publicadas en la revista 3sesenta.





He aha te mea nui?
He tangata, he tangata, he tangata.


Qué es lo más importante del mundo?
Es la gente, la gente, la gente.

(Maori, a photographic and social history. Michael King).


6:22 pm o 18:22. 7 meses y 13 días de viaje. Últimos días en Australia.

Ha caído la noche. Estoy sentado en la silla de la recepción del backpackers. Tengo cero registros para esta noche y dudo que suene el teléfono. El invierno se acerca y apenas hay huéspedes. Mis días en Margaret River se agotan. El visado que ya extendí se termina a finales de mes. Para el día de mi cumpleaños me he regalado Nueva Zelanda. Es mi próximo destino.

Apenas una semana después de llegar a este enorme país me subí al autobús que iba de Perth a Margaret River. Las tablas en el maletero. Conocí a dos personas, dos mujeres. La primera se sentó junto a mi en la primera parte del trayecto. Era una señora muy amable y entablamos una conversación más bien superficial. Pusieron una peli y al terminar la misma me preguntó si había visto 2012. Hice memoria y recordaba haberla visto en Indonesia..

- Y, ¿qué te pareció?
- Mmm, pues no se, demasiados efectos especiales para mi gusto.
- Aha. Si, pero ¿que me dices del mensaje?
- ¿Mensaje?
- Si, sabes?, yo creo que lo que dicen es cierto.
- (me quedé bloqueado por un momento) ¿Qué? ¿Que el mundo se va a acabar en 2012?
- Si.
- Aaaaah. Ok. Muy bien.

Insistió en tener mi e-mail para enviarme nosequé. Le di uno antiguo que solo uso para correo chatarra simplemente por curiosidad de saber que demonios me iba a mandar. Corté el rollo rápido y me puse la música en el ipod. Tuvimos que cambiar de autobús y ella se quedó allí. Le vi dando la chapa a algunas chicas adolescentes que pasaron de ella. Nunca llegó nada a mi mail. Alguien intentó agregarme al chat del mismo y sospecho que era ella pero ahí corté. Supongo que sería de algún tipo de secta del fin del mundo o algo así. Espero que no tenga razón, aún tengo muuuuchas olas que surfear y quién sabe, algún día formar una familia. Y queda demasiado poco para el 2012!

En el segundo trayecto me tocó a otra señora a mi lado. Una mujer encantadora llamada Elisabeth. Era bastante mayor pero completamente lúcida. Y seguro que en sus años jóvenes habría tenido a un montón de tios detrás. De pelo oscuro, ojos expresivos, entablamos conversación. Le dije que era surfista y me dijo que ella escribió durante un tiempo para una revista local hacía más de 30 años y que hizo entrevistas a varios surfers en aquella época. Prometió enviarmelas pero dijo que tardaría bastante. Me dio la bienvenida al pueblo, me deseó buena suerte, le di las gracias y nos despedimos en la pequeña parada del autobús.

Y allí estaba yo. Con mi mochila a la espalda, una bolsa con la cámara en el pecho y el bolsón con las dos tablas al hombro. No tenía ni idea de todo lo que me iba a suceder. Me arrastré hasta el primer backpackers que me alojó por una semana.

Y como dice el dicho maorí que encabeza este artículo, a la par de las increíbles olas y paisajes que te iluminan los ojos que estoy conociendo, lo más importante es la gente. Te expones a conocer a tantas personas diferentes en una experiencia vital como esta que tus intercambios sociales son constantes.

Observar como se prepara una tortilla japonesa, conversar con un corso que salió de su isla para conocer el mundo, hablar con una sencilla ama de casa irlandesa que pasó la época más dura del conflicto en Belfast. Aprender a preparar un mate en condiciones. Descubrir que no todos los israelíes desean la muerte de los palestinos. Que te honren con el saludo maorí juntando las narices e inspirando. Escuchar de boca de los aborígenes sus planes para sobrevivir en el país que les arrancaron de las manos. Hablar de la segunda guerra mundial con los jóvenes alemanes.

Holanda, Suecia, Suiza, Uruguay, Argentina, Italia, Francia, Austria, Marruecos, Canadá, Escocia, Inglaterra, U.S.A y un largo etc frente a un viejo atlas...Y explicar con sencillez que vienes de un pequeño territorio llamado País Vasco situado entre Francia y España.

Y te sorprendes de que muchos lo conocen. Y coincidir en que la violencia no es buena, que las cosas se arreglan si dos quieren sentarse y hablar. Que mejor sumar y no restar. Que lo que hay que pelear es contra las injusticias, vengan de donde vengan, incluso si vienen de “los tuyos”. Y surfear, gastar la rabia en un giro, no tirando de un gatillo.

Habiendo estado la mayoría del tiempo en el mismo sitio me ha permitido gastar menos dinero, ahorrar y conocer mejor a las personas. Además he trabajado duro. Vendí algunas fotos. Diseñé la identidad visual para el negocio de una norteamericana. Encontré trabajo en días sueltos en la construcción. Mis manos se encallecieron rápido. Dos veces estuve a punto de sufrir un serio accidente laboral. Con los dolares que saqué sudando en la obra pude pagar mi tabla mágica, que ha resultado ser la mejor tabla que he tenido nunca, shapeada por Tom Hoye. The Magic Bullet! (la bala mágica!).

Teniendo alojamiento gratis a cambio de trabajo, amigos y tantas olas tan buenas tan cerca con relativamente poca gente (una de las mecas del surf a nivel mundial) me hacía preguntarme -¿para que moverme? Realmente estos meses aquí han empujado mi surf hacia arriba. Me han puesto a prueba y he mejorado. A la vez que he subido mi nivel, he comido más. Tiene lógica. Cuanto más arriesgas.. He estado sentado en el fondo, en el reef varias veces, muy profundo, arranqué una quilla con el brazo en un wipe-out salvaje intentando bajar una bomba en The Womb; he asegurado mi confianza en olas grandes y he disfrutado cortando las olas de los diferentes picos.

Sin embargo cuando un colega me preguntó si quería acompañarle en un surfari en su 4x4 siguiendo la costa hasta Esperance durante dos semanas no lo dudé. Tienda de campaña, cañas de pescar y tablas de surf. Iba a vender el todoterreno y quería darle una buena despedida. Nos pusimos en marcha y descubrimos paisajes que nos dejaron con la boca abierta.

Extractos del diario:

20-04-11. Dead Whale Camp (Campamento de la ballena muerta). A muchos kilómetros y obstáculos de la civilización. Freddie’s Bay.

“…he salido de la tienda a las 7 de la mañana para observar la mar. La gran marejada que ha llegado durante la noche nos ha impedido surfear. Hemos caminado unos 7 km explorando por las calas en busca de una ola más resguardada. Nada. El hueso de ballena de 7 metros de largo que encontramos ayer estaba desaparecido, posiblemente enterrado bajo la arena. Hemos visto salmones tratando de descansar de las enormes olas pero no llevábamos las cañas. Tubos de 4 metros en un mar de crestas imposibles”.

“(por la noche a la luz de la linterna)..finalmente hemos ido a pescar y he pillado mi primer salmón. No era muy grande pero he hecho un fuego entre las rocas y nos lo hemos comido ahumado. Un aperitivo muy sabroso..”.

21-04-11.

“..lo que por la mañana nos han parecido dos rocas eran dos trozos enormes de la ballena. Apestaba. Más tarde nos hemos animado y hemos entrado a pelo. Ha salido el sol. El paisaje con la luz en el agua era un trozo de paraíso. La ola no era perfecta, pero estabamos solos y te dejaba meter unos giros. Ver una ola desierta y surfearla sin haber visto nunca un surfer allí es una sensación indescriptible, porque no tienes ni la menor pista de cómo va a ser, todo es nuevo..”

23-04-11.

“..Baño de más de 2 horas en Nanarup. Lo necesitaba. Olas no muy buenas pero buen entrenamiento. Muy rápidas. A ver donde dormimos hoy. El otro día limamos con los Rangers, no dejan acampar en todas las playas.”

24-04-11.

“Esto es lo que ponía en la guía de surf sobre el pico que surfeamos ayer. El cabrón de Steph lo sabía y no me dijo nada. Brrrrr. Escalofríos. Nanarup beach (Albany): Rumores: Con la apertura de una ría cercana y con una fatalidad en la esquina oeste (justo donde surfeamos) recientemente los tiburones son más que un rumor aquí..”



También nos quedamos atascados en la arena varias veces. Pala y a cavar. Bajar la presión de las ruedas y salir. También en un dia sin surf pesqué el salmón más grande que he visto en mi vida con la caña más barata y pequeña del mercado. Eso si, con una línea fuerte y un buen anzuelo.

Toda la escapada mereció la pena y pude traerme un sabor más intenso aún de Australia.

Así pues, al regreso de esta aventura, estoy saboreando cada día que me queda aquí en Margaret como un caramelo. Y no me puedo quejar, las olas me están acompañando y estoy viendo delfines cada día en el agua, como esta mañana surfeando en Grunters con dos metros y suave viento off-shore.

Mis nuevos amigos y mi familia australiana, aunque no lo saben, van a hacer que me sea muy dificil marchar. Ayer tuve una conversación con Margot, mi “madre” y amiga australiana sobre las relaciones entre las personas, las parejas y la actitud en la vida en general. Hemos hablado varias veces sobre esto. Y me ha enseñado que una de las lecciones más importantes es no dejar que el miedo hable por ti. Que la vida hay que vivirla sin él. Sin miedo.

Me llevo lo más importante conmigo. Amistades y recuerdos que durarán de por vida.

Pero ahora tengo que seguir La Cruz del Sur. He escuchado que allí las ballenas se acercan a la costa. Que su gente tiene tatuajes que son símbolos de nueva vida, inspirados en los helechos, la planta más antigua del planeta. Que son fieros guerreros de corazón grande. Y que hay olas mágicas. A por ellas!

Consejo 1: Don’t worry, be happy.

Consejo 2: Yo ya he sobrepasado el ecuador de mi viaje. Si puedes, hazlo. No lo dudes ni un minuto. Escribe tu propia historia y preparate para cambiar. Para mejor, sin duda.

dijous, d’octubre 06, 2011

930 Un año al ritmo de las olas III.

Tercer artículo y fotografías publicadas en la revista 3sesenta.





Odeiaren bidaia 180. El viaje de Odei 180.



Y Margaret River me abrió sus brazos. Conocí a una familia australiana que practicamente me adoptó. Una tarde fría de esas en las que no te encuentras. En la que te preguntas si estás en el lugar apropiado haciendo lo correcto. Harto del backpackers en el pueblo, esperando a tener una cama libre en otro hostal en la misma playa, bajé caminando bajo las nubes grises y la lluvia calle abajo por el main street. En el estudio artístico de creaciones de piezas de cristal encontré el calor junto a su horno y su gente. Así conocí la verdadera hospitalidad australiana de la que había oido hablar. Una semana más tarde me ofrecieron su confianza. Se iban de vacaciones. Pasear a sus perros por la playa a cambio de la casa y el coche. No les defraudé y nos hicimos buenos amigos.

Por fin encontré mi alojamiento en otro backpacker junto a la playa. Un pequeño tesoro que atrae a un tipo de gente concreta. Un espacio tranquilo, muy cerca de olas muy buenas. Surfistas, caminantes, amantes de la naturaleza. Personajes muy variados pero con un fondo muy bueno. Una mezcla cultural muy interesante. Conversar, escuchar distintos puntos de vista de otras culturas de primera mano. Es una enseñanza muy buena. Además de las experiencias personales de cada uno, sus consejos, sus viajes.

Y así, con cuatro ruedas y nuevos amigos solo quedaba explorar. Gas Bay fue mi playa local durante muchas sesiones. Un spot con muchas posibilidades distintas, con varias olas. Después otra y otra más, nuevos picos, nuevas rompientes. Observar. Medir. Probar. Mojarse. Remar, remar y remar. Surfear. Yallingup, Main Break, Southside, North Point, South Point, Honey Combs, Moses Rock, Lefthanders, Guillotine, Gallows, Ellensbrook, The Box…están todas ahí, una detrás de otra.

El escenario se define en una recta de en torno a unos 100 kilómetros. De cabo a cabo. De Cape Naturaliste a Cape Leeuwin. El nivel es muy alto y cuando llega el swell es como un parque de atracciones. Derechas, izquierdas, roca, reef, arena,…para dar y tomar. Es una auténtica meca del surf. Orgullosos y curtidos locales, visitantes de Perth y viajeros de todo el mundo se encuentran en sus picos.

Las primeras sesiones tenía algo en mi mente. Algo que no me dejaba disfrutar de las olas. Ese algo tiene una aleta dorsal, agallas y muchos dientes. Historias locales, algunas personas que tienen miedo y ya no surfean en ciertos lugares. Un monumento en Lefthanders en memoria de un surfer muerto por un ataque. Que te cierren una playa un día y claven una señal de avistamiento en la arena..incidentes recientes. Todo esto impacta y hace que tu mente, si no la controlas, te arruine el baño o como he conocido alguno, ni vayas a surfear.

Así, es un ejercicio que tienes que hacer para seguir adelante. Centrarte en las olas, seguir los consejos que cualquier australiano te dará y seguir surfeando. A mi, personalmente, la respiración de yoga mientras llegaban las series me ha ayudado mucho. Y si bien, debes mantener los ojos abiertos, has de pensar positivo y mantenerte fuerte mentalmente en el agua. Disfrutar.

Un susto: Gas Bay, 6:30 de la mañana. Esperando la siguiente ola. Veo una pequeña espuma blanca en un sitio donde no debería estar. A unos 20 metros a mi izquierda. Giro el nose de mi tabla hacia allí. Arqueo una ceja. Un momento más tarde, dos aletas enormes salen frente a mí muy muy cerca. Mi corazón a diez mil. En 2 segundos me morí y volví a nacer. Delfines.



Había algo que estaba echando de menos en este viaje. Encontrar una tabla nueva. Una especial que rocorriera el camino conmigo.

Y esta es la historia de cómo esa tabla me encontró a mi..
..conocí a Tom a unos metros de donde estoy escribiendo en esta nueva libreta. En el parking frente al Main Break de Margaret River.

Volvía de una sesión divertida en el reef de Southside. Tom observaba las olas frente a su viejo 4x4, aparcado junto a mi pequeño ford cuatrolatas.

No se quién habló primero, pero enseguida entablamos conversación. Pensé que sería una de las viejas glorias de Main Break. Y vaya si lo era. Palabra a palabra fui descubriendo quien era Tom Hoye.

Algo cabizbajo me preguntó que tal había ido la sesión. Me mostró su pierna. Tenía una terrible cicatriz a mitad de la tibia. Me explicó que apenas podía surfear por una rotura muy mala. Sucedió hace 5 años, al verse arrastrado contra las rocas por una ola gigante en Yallingup, mientras observaba el maretón.

Enseguida se fijó en mi tabla y efocamos la charla en ella. Reveló su condición de shaper y comenzó a explicarme conceptos maravillosos sobre los bottoms. Tom hablaba y yo le transmitía mis sensaciones sobre esa tabla de flexlite con la que estaba viajando, sin alma, de molde, pero resistente.

Casi avergonzado por poseer una tabla de “plástico” le conté que el resto de mi quiver era de foam.

-No me malinterpretes, no tengo nada en contra de ellas pero este tipo de bottoms ya se hacían en el ’67.

Mientras Hoye hablaba mi mente razonaba:

-Espera, este tio lleva 50 años surfeando, 40 shapeando, trabajó para O’neill en California. Estoy ante un pez grande de la historia del surf. Y tiene la misma edad que mi viejo, 66 tacos..calla y escucha.

-Como te digo, podría estar horas hablándote de la importancia del bottom de una tabla y del sistema que empleo, pero si quieres verlo ven a verme a mi taller siempre que quieras.

Le retraté con mi cámara y nos despedimos.

Una tarde muy calurosa mi amigo surfista Steph y yo nos fuimos a visitarle. Localizamos su taller en la zona industrial a las afueras de Margaret River.

Al tocar en la puerta abierta que separa la tienda del taller escuchamos maldiciones al aire. Un Tom Hoye evidentemente cabreado por el efecto del calor (verano 2011 en Western Australia) en la resina salió a saludarnos.

-Con este maldito calor no se puede hacer nada!

El edificio donde trabaja Tom está dividido en tienda y taller. Se respira casta. Apenas tiene stock pero el trabajo que se puede apreciar en varios de los guns allí expuestos es de primera clase (el más pequeño, un 8’6). De vieja escuela, o mejor dicho, de 40 años de shape, porque como dice él:

- Estas son tablas modernas porque las estoy shapeando hoy en dia. Por alguna razón la gente me clasifica como un Gun shaper, pero puedo shapear cualquier tipo de tabla. Y no utilizo pre-shapes. Hago tablas custom, recibiendo la energía que me transmite el surfista, his/her vibe!

En 1966 quedó primero en el campeonato de Norcal. Todo lo que quería hacer era surfear y shapear tablas. Así, estuvo persiguiendo a Jack O’neill 1960 hasta que consiguió un trabajo en su taller. Las sesiones en Santa Cruz eran cada vez menos solitarias. Pensaba que sería una moda pero cada vez fue a más.

Harto de multitudes, de demasiada gente en el agua, Tom, sin dar una sola pista emigró a Western Australia. En aquél momento, desde Margaret River hasta Yalling Up, incluyéndole a él había 6 surfistas en la zona.

Cuando allí se hizo una reunión a principios de los 70 para organizar el primer campeonato. Tom expuso los motivos por los que no creía que organizar uno de ellos con repercusión mediática sería una buena idea. Sus argumentos se convirtieron en objeto de votación. Y gracias a él votaron que no se haría el campeonato. Había visto lo que sucedía en California y no deseaba que masas de gente invadieran su nuevo hogar. Desafortunadamente los sponsors de la costa Este no pensaban igual, e hicieron el campeonato a toda costa.

Volviendo al taller, bajo una de sus tablas, arrastrando una varilla por el bottom, este testigo de algunos de los momentos más significativos de la historia del surf, me enseña su magia. Nunca había visto tanto trabajo ni tantos matices en una tabla de surf. Todo lo que dice cobra sentido.

Habiendo olvidado ya el pequeño desastre de la resina y frente a una muy reducida pero agradecida audiencia todo oídos, nos relata uno de los días gordos acontecidos en Margaret River. Un día de 1991 en el que Main Break conectaba hasta The Box.

Con su relato, con su experiencia en el agua aquél día, nos puso la carne de gallina. Sobre la puerta, las fotos en color de aquella sesión. Las mismas que se pueden ver en Settler’s, la taberna del pueblo. Entonces tenía 46 años. Cuando cumplió los 50 poseía varias tiendas y se dibujaba en el horizonte una prospera jubilación. En un momento de retroceso económico los bancos afilaron sus dientes y Tom perdió mucho dinero. Pasó por el cáncer y la trombosis. Ahora intenta recuperar el equilibrio en esa pierna que tanto le frustra.

-Simplemente me caigo al intentar cualquier tipo de giro. La conexión de los tendones y nervios no funciona.

Puede que los tendones de esa pierna no funcionen correctamente, pero su espíritu y pasión por el surf y las tablas continúa intacto. El logotipo de las mismas, un indio norteamericano sobre un caballo. Un símbolo de libertad.

Unos días después de esta primera visita le vi sentado observando las olas con unos prismáticos, quien sabe, quizás a algún surfer surcando las olas con una de sus tablas mágicas. Observando su comportamiento. No quise molestarle.

La última visita que hice a su taller fue para encargarle una tabla. Se ilusionó con el proyecto de volver a shapear una tabla corta de nuevo. Brillo de juventud en sus ojos.

Ahora, echo la vista atrás y ya han pasado 5 meses desde que salí de casa. Mis ahorros se mantienen pero no hay que descuidar la economía. Australia te da oportunidades. Si eres trabajador/a y estás decidido a trabajar no tendrás problemas. En el hostal puedes presentarte para limpiar las habitaciones, cocina, etc..También para trabajar en la recepción. A cambio puedes conseguir alojamiento gratis. Por lo que he visto, trabajar recogiendo uva no sale muy rentable si trabajas mediante una agencia. Pasan muchas horas mientras esperas a que se formen las cuadrillas y no te pagan por ellas. Es mejor si conoces a un particular. La construcción es otra opción, te mantienes en forma y pagan bien. Pero asegúrate de que no te contraten como mula de carga. Te romperás. No tiene sentido trabajar para después gastarte el dinero en médicos. Y si trabajas es para poder seguir surfeando.

A veces tienes que salir de casa para valorar lo que tienes. Y me doy cuenta de que cuando te preguntan de dónde eres tú contestas que vives entre Hossegor y Mundaka. Pues no está nada mal no. Lo que tengo claro es que para ir a conquistar olas por el mundo es importante hacer los deberes en casa. Y nuestas olas son una buena escuela.

Al comenzar este viaje pensaba que sería algo que debía hacer para sentirme tranquilo cuando regresara. Que saciaría mis ganas de surf y de viajar. Que entonces podría sentarme a beber cerveza y engordar. Y si algún día tuviera un hijo, aconsejarle que lo hiciera en un momento de su vida. Pero este viaje, además de saciar algo que quise hacer, además está siendo un soplo de aire fresco en mi vida. Uno que va a avivar una brasa ardiente dentro de mi que tardará mucho tiempo en apagarse.

Hoy suenan Dixie Chicks, “The long way around”.

Consejo 1: Invita a alguien a tu mesa si le ves comer solo. Igual se convierte en uno de tus mejores amigos. Igual no. Pero seguro que podéis aprender algo el uno del otro.

Consejo 2 (y este lo tomo de un amigo y lo intento aplicar): Aprovecha cada oportunidad del viaje a tope. Siempre habrá tiempo para la rutina, y muchos años en casa, que también tiene sus partes buenas.

dimecres, d’abril 13, 2011

877 Un año al ritmo de las olas II.

Odeiaren bidaia 127. El viaje de Odei 127.





4.12.10. Margaret River.

Estoy sentado en un sofá de sky verde botella en la recepción del Backpackers. Está algo gastado y mientras escribo en mi libreta escucho dos tipos de música a la vez. La del hilo musical y la de la t.v. Este es el lugar más tranquilo de la instalación.

Desde el primer relato, los siguientes momentos más emocionantes me sucedieron en la isla de Java. Para mi sorpresa me vi aislado frente a una ola impresionante. Solo durante varios días y después con un nuevo amigo suizo que viajaba con su tabla. Algunos visitantes aparecieron fugazmente. La ola nos retaba cada día y nosotros respondíamos lo mejor que podíamos. Los primeros baños en solitario estuvieron envueltos de misteriosas historias locales de tortugas y cocodrilos.

Indo me marcó a fuego. Una hora después de enviaros mi primera carta, estaba surfeando Uluwatu. En la tercera ola cometí el error de subir demasiado alto al labio justo cuando se doblaba; me lanzó hacia la costa con la mala suerte de que mi tabla se dio la vuelta. El primer impacto me lo llevé en la cara. Quillas. Al principio pensé que había sido el reef, pero noté que no, que era un corte limpio. Sumergí la cabeza y al poco paró de sangrar. 10 puntos entre la nariz y la mejilla y 3 más en la ceja. El socorrista justo me tapó la herida. Conduje la moto hasta el home stay, pedí un taxi, me cambié, pillé pasta y llegué a la clínica de Jimbaran. Lo peor era no saber cómo tenía la cara. No quería destapar el vendaje por miedo a volver a sangrar. Al final no fue tan malo. No necesité comprar una camiseta en Uluwatu. El médico indonesio hizo un gran trabajo cosiendo. Cada semana recibía a varios surfistas heridos. Tras 10 días de dique seco volví a surfear en la misma ola. Era la mejor manera de quitar el mal recuerdo.

Esa tierra de olas, arrecife, volcanes, terremotos y tsunamis te seduce. Algunos surfers que conocí, como si hubieran escuchado la llamada de la “Reina del Océano” de la que hablan las leyendas del lugar, se encontraban atrapados en ella; bajo una apariencia normal algo no cuadraba en su inquietante mirada. Te explicaban historias incoherentes relacionadas con drogas y mujeres..se desahogaban hablando, como si hiciera mucho tiempo que no hablaran con nadie.

Algo nostálgico pero a la vez algo aliviado me subí al avión dirección Perth (Western Australia). Allí, sentado junto a mi estaba M, el primer australiano que conocí, un granjero que cria vacas enormes en medio del desierto. Me explicó cosas increibles, como que los camellos dejados por los primeros colonos hace 200 años ahora son una plaga. Que hay 1 millón de ellos pululando por el desierto y que rompen el equilibrio natural al consumir ciertas plantas.

Me explicó que tenía un rifle y cómo los tumbaban. Que no dijera nada porque las protectoras de animales ponen el grito en el cielo y es ilegal dispararles. Un tio curtido y fuerte, educado al hablar, amable. También un casero listo. Decía que su dinero no lo tenía en el banco, no se fiaba; que con él compraba oro. Y joyas.

Llegué a Perth y lo primero que hice fue bajar a la playa. No había olas así que me puse a hablar con el socorrista, surfer de 40 años +. Me dijo que en la isla de en frente había más olas. Sin embargo no fue factible la escapada ya que el ferry era demasiado caro: 90$. Me gustaría hablaros de una gran sesión pero definitivamente teniendo cerca Margaret River, Perth no es ciudad para surfistas. Y tampoco para aborígenes; en una semana allí no vi ni uno solo que ocupara cualquier tipo de puesto, fuera público o privado. Literalmente, los auténticos pobladores de Australia fueron borrados del mapa. No forman parte de la sociedad, están marginados, fuera.

Aquí en WA nada más acercarte a la playa se te pasan por la mente imágenes de tiburones. Hay muchas especies distintas. Es fácil emparanoiarse. Un surfer local me dijo el primer día que intentara evitar la zona de Gracetown, ya que los últimos ataques sucedieron allí. El último fue reciente pero el anterior hace 6 años. Esta mañana Raz! De una surf-shop me ha explicado que esa zona pasa de tener pocos metros de profundidad a más de 100 de golpe, lo que hace que cacen allí. Lo malo es que es una zona de olas preciosas. Los consejos: que no surfee al amanecer ni después de la puesta de sol.

La mejor forma de ponerte al día en cualquier sitio que llegas en Australia es acercarte al bar del pueblo. El barman es un señor que sabe de todo y te pondrá al día.Y sobre todo sabe de cerveza. Aquí la mayoría de fabricantes tienen el compromiso de no añadir conservantes ni ingredientes artificiales. Además cada estado tiene la suya propia.

Margaret River es un pueblo bastante bonito. Me recuerda a Hossegor pero en cuesta, con muchas casitas y tiendas. Su costa es preciosa. Y, aunque las condiciones no acompañen de momento (el on-shore está pegando fuerte, la mar rota), se que el buen surf llegará pronto. Y la mejor forma de quitarte las paranoias de la cabeza es entrando al agua.

Así lo he hecho hoy. Tras muchos días sin surfing hoy por fin ha habido coches llenos de tablas, remada, risas, fotos y algunas olas. Un grupo de tenaces y principiantes surfistas japoneses que he conocido me han llevado con ellos a mirar varios picos, entre ellos River Mouth. Aunque haya sido una sesión bastante mala para mi ha sido un regalo. Me he vuelto a sentir surfista. Hoy no me ducho, quiero la sal en la piel. Hemos entrado en Red Gate, en un escenario de rocas rojas, arena fina y agua transparente.

Aunque yo no lo he visto, Yoshi, mi nuevo colega de olas, me ha dicho al salir que ha visto una gran ballena saltando en el horizonte. Nunca sabes lo que te espera en un viaje como este. Ni con quién vas a acabar surfeando. Lo que está claro es que el surf está por encima de cualquier frontera.


consejo 1: es algo que se va despertando casi sin darte cuenta según avanza el viaje. Y es tu intuición. Siguela. Si algo te huele mal desde el principio pasa. A otra cosa. Es como un sentido extra que se va desarrollando. Conoces a tanta gente que puedes hacer la prueba. Piensa que imagen te da una persona al principio y al cabo de unos días verás si estabas en lo cierto o no. Me está funcionando. Me ha llevado a situaciones impensables y personas buenísimas y muy posiblemente a evitarme problemas.

consejo 2: Australia es carísimo. Igual te planteas trabajar un poco para financiarte el resto del viaje. Entre España y Australia no existe el "working holiday visa". Vamos, que legalmente no puedes trabajar. Y el departamento de inmigración es estricto. No llegues al backpackers y empieces a decir a todo el mundo que buscas curro. Hazlo discretamente, di que estás de vacaciones, conoce un poco a la gente y entonces preguntas por trabajo "cash in hand" es decir, sin contrato y en efectivo. Tambien puedes inventarte un número de seguridad social, tardan 3 semanas en verificarlo y te pagarán antes, pero si saben que tienes pasaporte español, probablemente sabrán tambien que no tienes permiso de trabajo.

dissabte, d’abril 09, 2011

874 Un año al ritmo de las olas I.




Odeiaren bidaia 124. El viaje de Odei 124.

Egun on kukuoyentes de esta emisora imaginaria. Por si no os habíais dado cuenta tengo un compañero de viaje que tiene una columna en la 3sesenta y relata con sus palabras y fotografías lo que nos pasa. Así que esta semana voy a colgar las dos primeras aquí. La tercera la podéis leer en el número que está ahora en la calle. No os la perdáis, un adelanto en este CLICK.

Os dejo con FJ...



Hola a todos. Os escribo desde el Jiwa-Juice. Una mesa de madera, música suave de fondo y una agradable temperatura. A mi lado, un mapa de Bali en la pared y unas sonrientes camareras preparando la comida. Un té con hielo y una conexión a la red me ayudan a escribiros. Muchos de vosotros estáis aún en la cama; otros, los madrugadores quizás delante del primer café del día. Nos comunicamos con 6 horas de diferencia.

Pero, he olvidado presentarme!. Me llamo FJ, tengo 32 años y vengo del País Vasco. He surfeado durante 12 preciosos años. Soy un surfista más, no profesional. Debido a una “tormenta” laboral (crisis) y sentimental en mi vida decidí marcharme a aprender del mundo que está ahí fuera de la oficina, algo más allá de Galicia y Hossegor. Antes de que fuera demasiado tarde. Estaba en paz conmigo mismo, estaba bien. Creo que eso es importante para viajar.

Desde Indonesia, no volveré directamente a casa. Allá, vendí mi furgoneta a uno de mis amigos para poder realizar este viaje, un viaje alrededor del mundo, de W a E. Han pasado tan solo 20 días desde aquél primer avión, pero, han sido muy intensos.

Viajar solo tiene sus pros y contras. Vives todo con más intensidad, sin condiciones, sin consultar más que tus pensamientos para tomar la siguiente pequeña decisión. Dependes de ti mismo. Aunque por otra parte, hay momentos en los que te gustaría compartir un trayecto en moto con alguien, gritar de alegría al ver a tu amigo de olas salir de un tubo, o compartir una cerveza tras una jornada de viaje. Ahora, he coincidido con unos buenos viajeros, y todo eso se ha hecho posible.

Llegué a Indonesia de noche y lloviendo. Me sentí bastante pequeño, allí tan lejos de casa, solo con mis tablas y mi mochila. Negocié un taxi y llegué al hotel. Al día siguiente temprano, Kuta me esperaba ahí fuera. Lo bueno de llegar a los sitios de noche, es precisamente eso, el amanecer, cuando se abre el telón. Me eché a la calle para reconocer el terreno, localizar la playa, los comercios..En seguida me hice con una moto por unos 50 euros al mes (550.000 rupias indonesias), sin marchas y con algo muy importante, los rags (ganchos) para las tablas.

Me encanta conducir en moto, me hace sentir muy a gusto, libre. Así que me perdí por las calles de Kuta hasta que empecé a orientarme. Regatear por practicamente todo, excepto la gasolina que venden en la calle en botellas de vodka (unas 5000 rupias el litro), es lo habitual.

Indonesia tiene un lado muy amable y ceremonioso. La sonrisa es algo muy importante en una conversación, como mínimo, al iniciarla y al terminarla. Creo que nunca sonreí tanto en mi vida. Es parte de la educación de aquí. Es algo contagioso. En tan poco tiempo, la gente de este país me ha conquistado. Aunque muchos son interesados (es un país del 3er mundo, tienen que sobrevivir y nosotros representamos la riqueza), la sinceridad de muchos otros, sus formas, a menudo me conmueven.

Por supuesto también hay un lado oscuro que se intuye, se huele. Un lado del que no tengo la menor intención de conocer. Lo comprobé cuando una noche calurosa salí con mi scooter a cenar algo; volviendo al hotel me quité el casco (no es obligatorio en Bali) para ir más fresco. Me paró un control policial. Uno de los agentes me llevó tras el furgón, en una zona oscura y puedo aseguraros que nunca una persona me había transmitido tan mala onda como aquél policia curtido en años. No se si era su voz, su mirada o ambas, que transmitían una maldad profunda. Todo se solucionó con unos billetes. Durante la conversación me preguntó dónde me alojaba. Le dije el nombre del hotel. Ese detalle hizo que no pegara ojo. Me imaginé aquél policía involucrándome en alguno de sus sucios asuntos. Un documental, “encarcelados en el extranjero” que vi antes de marchar tuvo mucha culpa de esa noche de insomnio.

Las olas. ¡Qué puedo decir de las olas! Te iluminan el rostro, la mirada. Auténticas joyas hechas de agua. Mis primeras verdaderas olas balinesas: “Airport’s left”. Junto al aeropuerto, aviones aterrizando y despegando; tráfico de personas que llegan y marchan del paraíso (con fecha de caducidad me temo). Mi nuevo compi pescador me acercó hasta ellas en su barquito previo pago de unas 50.000 rupias. Y allí estaba yo, disfrutando de unas izquierditas de un metro que parecían trazadas por un artista del Renacimiento. Ni una gota fuera de sitio, cremalleras que se recogían cada vez más sobre el arrecife con su pared en tensión, sólida y redonda. Como regular, es un reto para mí surfear de espaldas, aunque también me encanta y trabajo duro para mejorar. Hay dos cosas en Bali con las que tienes que tener cuidado. La primera el tráfico en la carretera. La segunda, el reef. A estas alturas he visto ya heridas muy feas en los pies por no llevar escarpines. Aunque sean un engorro al principio, son muy recomendables.

Tras unos pocos días en Kuta, me trasladé a la península de Bukit. Viniendo de la bulliciosa y pegajosa ciudad para mí fue como encontrar un oasis. Las famosas olas que tantos años contemplé a través de los ojos de otros, allí estaban. Largas y preciosas desenrrollándose como una alfombra azul sobre el reef.

Personalmente, en “Impossibles” he tenido mi sesión mágica. Olas larguísimas, grandes y rápidas. Recuerdos que quedan dentro para siempre. Sin embargo, Uluwatu tiene algo diferente. Es la reina. La que más mar recibe. La más buscada. Entrar al agua a través de su cueva es una auténtica ceremonia surfica. Algo fuera de lo normal. La potencia de esa ola se debe escribir a parte.

P.D: Tan solo un par de consejos.

1- Si os para la policía, os puede ahorrar muchos problemas llevar metidos unos billetes en el carnet internacional de conducir. No mucho dinero, unas 40 o 50.000 rupias balinesas (menos de 5 euros). Vuestro dinero aparte. Cuando os lo pidan, cogerán el dinero y os dejarán continuar.

2- Para los que estéis preocupados con la extensión de la visa en Indo. Es muy fácil. Una vez allí, visitad el departamento de inmigración junto al aeropuerto y os darán otros 30 días pagando unos 20 euros. El trámite tardará unos 4 días. Si queréis pasar más tiempo aún allí dirigios a una de las múltiples agencias. Sino, otra opción es viajar a Singapur u otro país, pasar por la embajada Indonesia y os dan 60 días de visado.