dijous, d’octubre 06, 2011

930 Un año al ritmo de las olas III.

Tercer artículo y fotografías publicadas en la revista 3sesenta.





Odeiaren bidaia 180. El viaje de Odei 180.



Y Margaret River me abrió sus brazos. Conocí a una familia australiana que practicamente me adoptó. Una tarde fría de esas en las que no te encuentras. En la que te preguntas si estás en el lugar apropiado haciendo lo correcto. Harto del backpackers en el pueblo, esperando a tener una cama libre en otro hostal en la misma playa, bajé caminando bajo las nubes grises y la lluvia calle abajo por el main street. En el estudio artístico de creaciones de piezas de cristal encontré el calor junto a su horno y su gente. Así conocí la verdadera hospitalidad australiana de la que había oido hablar. Una semana más tarde me ofrecieron su confianza. Se iban de vacaciones. Pasear a sus perros por la playa a cambio de la casa y el coche. No les defraudé y nos hicimos buenos amigos.

Por fin encontré mi alojamiento en otro backpacker junto a la playa. Un pequeño tesoro que atrae a un tipo de gente concreta. Un espacio tranquilo, muy cerca de olas muy buenas. Surfistas, caminantes, amantes de la naturaleza. Personajes muy variados pero con un fondo muy bueno. Una mezcla cultural muy interesante. Conversar, escuchar distintos puntos de vista de otras culturas de primera mano. Es una enseñanza muy buena. Además de las experiencias personales de cada uno, sus consejos, sus viajes.

Y así, con cuatro ruedas y nuevos amigos solo quedaba explorar. Gas Bay fue mi playa local durante muchas sesiones. Un spot con muchas posibilidades distintas, con varias olas. Después otra y otra más, nuevos picos, nuevas rompientes. Observar. Medir. Probar. Mojarse. Remar, remar y remar. Surfear. Yallingup, Main Break, Southside, North Point, South Point, Honey Combs, Moses Rock, Lefthanders, Guillotine, Gallows, Ellensbrook, The Box…están todas ahí, una detrás de otra.

El escenario se define en una recta de en torno a unos 100 kilómetros. De cabo a cabo. De Cape Naturaliste a Cape Leeuwin. El nivel es muy alto y cuando llega el swell es como un parque de atracciones. Derechas, izquierdas, roca, reef, arena,…para dar y tomar. Es una auténtica meca del surf. Orgullosos y curtidos locales, visitantes de Perth y viajeros de todo el mundo se encuentran en sus picos.

Las primeras sesiones tenía algo en mi mente. Algo que no me dejaba disfrutar de las olas. Ese algo tiene una aleta dorsal, agallas y muchos dientes. Historias locales, algunas personas que tienen miedo y ya no surfean en ciertos lugares. Un monumento en Lefthanders en memoria de un surfer muerto por un ataque. Que te cierren una playa un día y claven una señal de avistamiento en la arena..incidentes recientes. Todo esto impacta y hace que tu mente, si no la controlas, te arruine el baño o como he conocido alguno, ni vayas a surfear.

Así, es un ejercicio que tienes que hacer para seguir adelante. Centrarte en las olas, seguir los consejos que cualquier australiano te dará y seguir surfeando. A mi, personalmente, la respiración de yoga mientras llegaban las series me ha ayudado mucho. Y si bien, debes mantener los ojos abiertos, has de pensar positivo y mantenerte fuerte mentalmente en el agua. Disfrutar.

Un susto: Gas Bay, 6:30 de la mañana. Esperando la siguiente ola. Veo una pequeña espuma blanca en un sitio donde no debería estar. A unos 20 metros a mi izquierda. Giro el nose de mi tabla hacia allí. Arqueo una ceja. Un momento más tarde, dos aletas enormes salen frente a mí muy muy cerca. Mi corazón a diez mil. En 2 segundos me morí y volví a nacer. Delfines.



Había algo que estaba echando de menos en este viaje. Encontrar una tabla nueva. Una especial que rocorriera el camino conmigo.

Y esta es la historia de cómo esa tabla me encontró a mi..
..conocí a Tom a unos metros de donde estoy escribiendo en esta nueva libreta. En el parking frente al Main Break de Margaret River.

Volvía de una sesión divertida en el reef de Southside. Tom observaba las olas frente a su viejo 4x4, aparcado junto a mi pequeño ford cuatrolatas.

No se quién habló primero, pero enseguida entablamos conversación. Pensé que sería una de las viejas glorias de Main Break. Y vaya si lo era. Palabra a palabra fui descubriendo quien era Tom Hoye.

Algo cabizbajo me preguntó que tal había ido la sesión. Me mostró su pierna. Tenía una terrible cicatriz a mitad de la tibia. Me explicó que apenas podía surfear por una rotura muy mala. Sucedió hace 5 años, al verse arrastrado contra las rocas por una ola gigante en Yallingup, mientras observaba el maretón.

Enseguida se fijó en mi tabla y efocamos la charla en ella. Reveló su condición de shaper y comenzó a explicarme conceptos maravillosos sobre los bottoms. Tom hablaba y yo le transmitía mis sensaciones sobre esa tabla de flexlite con la que estaba viajando, sin alma, de molde, pero resistente.

Casi avergonzado por poseer una tabla de “plástico” le conté que el resto de mi quiver era de foam.

-No me malinterpretes, no tengo nada en contra de ellas pero este tipo de bottoms ya se hacían en el ’67.

Mientras Hoye hablaba mi mente razonaba:

-Espera, este tio lleva 50 años surfeando, 40 shapeando, trabajó para O’neill en California. Estoy ante un pez grande de la historia del surf. Y tiene la misma edad que mi viejo, 66 tacos..calla y escucha.

-Como te digo, podría estar horas hablándote de la importancia del bottom de una tabla y del sistema que empleo, pero si quieres verlo ven a verme a mi taller siempre que quieras.

Le retraté con mi cámara y nos despedimos.

Una tarde muy calurosa mi amigo surfista Steph y yo nos fuimos a visitarle. Localizamos su taller en la zona industrial a las afueras de Margaret River.

Al tocar en la puerta abierta que separa la tienda del taller escuchamos maldiciones al aire. Un Tom Hoye evidentemente cabreado por el efecto del calor (verano 2011 en Western Australia) en la resina salió a saludarnos.

-Con este maldito calor no se puede hacer nada!

El edificio donde trabaja Tom está dividido en tienda y taller. Se respira casta. Apenas tiene stock pero el trabajo que se puede apreciar en varios de los guns allí expuestos es de primera clase (el más pequeño, un 8’6). De vieja escuela, o mejor dicho, de 40 años de shape, porque como dice él:

- Estas son tablas modernas porque las estoy shapeando hoy en dia. Por alguna razón la gente me clasifica como un Gun shaper, pero puedo shapear cualquier tipo de tabla. Y no utilizo pre-shapes. Hago tablas custom, recibiendo la energía que me transmite el surfista, his/her vibe!

En 1966 quedó primero en el campeonato de Norcal. Todo lo que quería hacer era surfear y shapear tablas. Así, estuvo persiguiendo a Jack O’neill 1960 hasta que consiguió un trabajo en su taller. Las sesiones en Santa Cruz eran cada vez menos solitarias. Pensaba que sería una moda pero cada vez fue a más.

Harto de multitudes, de demasiada gente en el agua, Tom, sin dar una sola pista emigró a Western Australia. En aquél momento, desde Margaret River hasta Yalling Up, incluyéndole a él había 6 surfistas en la zona.

Cuando allí se hizo una reunión a principios de los 70 para organizar el primer campeonato. Tom expuso los motivos por los que no creía que organizar uno de ellos con repercusión mediática sería una buena idea. Sus argumentos se convirtieron en objeto de votación. Y gracias a él votaron que no se haría el campeonato. Había visto lo que sucedía en California y no deseaba que masas de gente invadieran su nuevo hogar. Desafortunadamente los sponsors de la costa Este no pensaban igual, e hicieron el campeonato a toda costa.

Volviendo al taller, bajo una de sus tablas, arrastrando una varilla por el bottom, este testigo de algunos de los momentos más significativos de la historia del surf, me enseña su magia. Nunca había visto tanto trabajo ni tantos matices en una tabla de surf. Todo lo que dice cobra sentido.

Habiendo olvidado ya el pequeño desastre de la resina y frente a una muy reducida pero agradecida audiencia todo oídos, nos relata uno de los días gordos acontecidos en Margaret River. Un día de 1991 en el que Main Break conectaba hasta The Box.

Con su relato, con su experiencia en el agua aquél día, nos puso la carne de gallina. Sobre la puerta, las fotos en color de aquella sesión. Las mismas que se pueden ver en Settler’s, la taberna del pueblo. Entonces tenía 46 años. Cuando cumplió los 50 poseía varias tiendas y se dibujaba en el horizonte una prospera jubilación. En un momento de retroceso económico los bancos afilaron sus dientes y Tom perdió mucho dinero. Pasó por el cáncer y la trombosis. Ahora intenta recuperar el equilibrio en esa pierna que tanto le frustra.

-Simplemente me caigo al intentar cualquier tipo de giro. La conexión de los tendones y nervios no funciona.

Puede que los tendones de esa pierna no funcionen correctamente, pero su espíritu y pasión por el surf y las tablas continúa intacto. El logotipo de las mismas, un indio norteamericano sobre un caballo. Un símbolo de libertad.

Unos días después de esta primera visita le vi sentado observando las olas con unos prismáticos, quien sabe, quizás a algún surfer surcando las olas con una de sus tablas mágicas. Observando su comportamiento. No quise molestarle.

La última visita que hice a su taller fue para encargarle una tabla. Se ilusionó con el proyecto de volver a shapear una tabla corta de nuevo. Brillo de juventud en sus ojos.

Ahora, echo la vista atrás y ya han pasado 5 meses desde que salí de casa. Mis ahorros se mantienen pero no hay que descuidar la economía. Australia te da oportunidades. Si eres trabajador/a y estás decidido a trabajar no tendrás problemas. En el hostal puedes presentarte para limpiar las habitaciones, cocina, etc..También para trabajar en la recepción. A cambio puedes conseguir alojamiento gratis. Por lo que he visto, trabajar recogiendo uva no sale muy rentable si trabajas mediante una agencia. Pasan muchas horas mientras esperas a que se formen las cuadrillas y no te pagan por ellas. Es mejor si conoces a un particular. La construcción es otra opción, te mantienes en forma y pagan bien. Pero asegúrate de que no te contraten como mula de carga. Te romperás. No tiene sentido trabajar para después gastarte el dinero en médicos. Y si trabajas es para poder seguir surfeando.

A veces tienes que salir de casa para valorar lo que tienes. Y me doy cuenta de que cuando te preguntan de dónde eres tú contestas que vives entre Hossegor y Mundaka. Pues no está nada mal no. Lo que tengo claro es que para ir a conquistar olas por el mundo es importante hacer los deberes en casa. Y nuestas olas son una buena escuela.

Al comenzar este viaje pensaba que sería algo que debía hacer para sentirme tranquilo cuando regresara. Que saciaría mis ganas de surf y de viajar. Que entonces podría sentarme a beber cerveza y engordar. Y si algún día tuviera un hijo, aconsejarle que lo hiciera en un momento de su vida. Pero este viaje, además de saciar algo que quise hacer, además está siendo un soplo de aire fresco en mi vida. Uno que va a avivar una brasa ardiente dentro de mi que tardará mucho tiempo en apagarse.

Hoy suenan Dixie Chicks, “The long way around”.

Consejo 1: Invita a alguien a tu mesa si le ves comer solo. Igual se convierte en uno de tus mejores amigos. Igual no. Pero seguro que podéis aprender algo el uno del otro.

Consejo 2 (y este lo tomo de un amigo y lo intento aplicar): Aprovecha cada oportunidad del viaje a tope. Siempre habrá tiempo para la rutina, y muchos años en casa, que también tiene sus partes buenas.

2 comentaris:

Jesús ha dit...

Excelente historia, además de excelentemente escrita!!!

kukurusta ha dit...

Muchas grácias Jesús. Como siempre, estás en tu casa.