
Norte. Creo que las personas que hemos nacido en el Norte lo llevamos dentro. Sin darnos cuenta nos marcan las olas y el viento N y W. Aunque después te vayas a vivir a otro sitio decidido/a por amor, por trabajo o las dos cosas siempre lo llevarás contigo.
Sorprendiéndote al mirar al cielo en Barcelona, Madrid o en Mumbai deseando que por fin llueva y se te moje la cara en un sucedáneo de lo que es la lluvia que te regó desde txiki para que crecieras. A menudo abriendo la boca bajo nubes yermas que no descargan; Si ese amor o ese trabajo finalmente resulta que es un desengaño, que no es lo que tú creías, que es frío y no te quiere y te deja solo o sola en una estación con billete de vuelta, siempre que vuelvas te van a estar esperando las olas, la lluvia y el viento que te van a curar las heridas para seguir por nuevos caminos; aunque algún día igual, quien sabe, te vuelvas a marchar;
Ayer, contemplando a estos dos críos que iban caminando de Zarautz hacia Getaria después del cole me acordé de una escena de mi vida. Estábamos en Marianistas estudiando; al salir de clase mi compi Ignacio y yo nos acercamos a ver las olas en La Concha, en la antigua escalera de caracol tras el antiguo pestilente subterráneo que cruzaba la carretera; había mucha mar. Jugábamos a ver hasta que escalón subían las olas al tiempo que canturreábamos -la madre naturaleza no tiene fuerzaaa! y así todo el rato. Éramos muy txikis.
Pues nos debió oir, porque de la oscuridad de la tarde de invierno surgió una ola que tapó toda la escalera entera, nos empujó de espaldas contra los barrotes de la escalera y nos dejó completamente empapados y con cara de susto. Y así pues nos fuimos directos para casa con los zapatos haciendo chof, chof flipados por lo que nos acababa de pasar y muertos de risa, esperando las broncas de nuestras respectivas madres.
..Estos días ha vuelto el invierno en primavera. Por dentro y por fuera. Lo mejor para calentar el alma, cafecito para dos y una charla amiga.