dimarts, de novembre 08, 2011

939 Tahiti. Ioera.

Egun on kukuoyentes de esta emisora imaginaria.
Me gusta esta foto porque da que pensar. Un cementerio con vistas al pico..





Mentalizándome para el regreso, decidí pasar los dos últimos días en Papeete, la capital de Tahiti. Dejé atrás aquella pequeña isla surrealista de emociones muy fuertes y fieros locales. Y estaba contento. Me había aventurado y me había salido bien. Grácias a que viajaba solo y a que mostré una actitud respetuosa me habían aceptado. Había surfeado sus olas en todo su potencial y había regresado con las tablas, la cámara y practicamente ileso. Como diapositivas frescas en mi mente, mientras paseaba no dejaba de visualizar las imágenes que siempre recordaría de aquél lugar. Y sonreía. 

Me paseaba por el mercado municipal de Papeete. Visité a Louise, la anciana frutera que conocí antes de subirme a aquél oxidado ferry. Me reconoció y se puso muy contenta de verme de nuevo. Le compré unas pomme etoile (una fruta deliciosa parecida a la fruta de la pasión) y hablamos. Estaba inquieta. Añadiendo un punto agridulce a mi alegría me preguntó que a donde iba. Le dije que regresaba a casa. Y me contestó que hacía bien, que en Tahiti no estaba seguro, que no era bueno que me quedara. Me quedé un poco extrañado. Me hablaba como si estuviera a punto de suceder algo que se me escapaba. Como si fuera mi madre, me metió más fruta de la que la había comprado y nos despedimos con una sonrisa. 

Seguí caminando. Ojeaba souvenirs para la familia. Compré un bocadillo y un coco helado con una pajita y subí al pasillo de la planta superior. Desde allí se divisa todo el mercado.Después de comer entablé conversación con Ioera, un tatuador y vendedor de perlas. Nos identificamos como surfistas. Él buscaba a alguien con quien surfear al día siguiente y yo estaba como loco de poder disfrutar de una última sesión en la isla, ¿quién sabe si volvería alguna vez? Quedamos en que me recogería en la pensión a las 8 de la mañana.

Y me llevó a surfear esta ola. Tres bowls tuberos, tres secciones muy técnicas. Reef. Moorea justo en frente. Un barrio difícil. Pero no tuve ningún problema con los locales al acompañar a mi nuevo y corpulento amigo tahitiano. Al bajar del coche observamos las condiciones desde el cementerio, curiosamente el mejor punto de vista. Lleno de árboles de Tiare.  Sus flores perfumaban la atmósfera.

Mi amigo resultó ser uno de los habituales del lugar, incluso le vi poner en su sitio a un francés demasiado "entusiasta" a la hora de saltar olas. Iorea parecía un león surfeando las olas con su melena y sus tatuajes. Y me abrió las puertas de la isla. Me invitó a comer con sus padres la comida tradicional y me fue enseñando de regreso todos los picos de la costa Este de Tahiti. La costa que aún no conocía.

Tuve la suerte de conocer la hospitalidad tahitiana. Maururu Ioera (grácias Ioera). Ondo ibili kukureaders!

2 comentaris:

Urtzi ha dit...

Zorionak campeon!!! otra bonita hostoria, como no!!! que ganas de que nos cuentes en directo mas y mas de estas aventuras!!! espero vernos pronto laguna...Marco-k irrikitan dago zu ikusteko!!!!

surflexiones ha dit...

Vaya con Tahiti, no sabía que estaba tan localizado. Acuerdate de mandarme info please, que voy para allá en una semanita!!!

SF